"SoloAlas"

Y no soy para nada un... ángel. Aun sigo viva.

sábado, 27 de abril de 2013

Vacaciones...

Muchas gracias a todos los que habéis leído parte de mi trabajo como escritora, sobre todo por demostrarme que no debo hacerlo tan mal. Para mi ha sido muy gratificante. 
Dejo el blog durante una larga temporada, lo dejo aquí y así, por si algunas personas quieren leer algo mío, oír canciones que me gustan y las imágenes y fotos que he expuesto. 
Tengo que seguir en la lucha, en el trabajo, en la educación de mis hijos y en la búsqueda de mi propia paz, para seguir. Un beso y millones de gracias, me habéis dado, siendo absolutamente desconocidos, mucho más de lo que esperaba, Gracias. Besos.
 "SoloAlas".

video


PD: Si algún día publico algo, seréis de los primeros en enteraros. Sed inmensamente felices y dichosos. Puede que vuelva... conmigo nunca se sabe...

Ven...



Ven.

Me parece mentira...
Que tus ojos sepan mirarme así... sensual
Me parece increíble que tu boca sepa a miel y a mi piel
Y sé bailarte a oscuras, en mi habitación sin que estés
Ven a mí y cállame la boca con tus besos
Ven a mí y tápame las ganas con tus brazos
Pisa mi verdad y demuéstrame que el amor existe
Que las historias tienen finales felices, dulce...
Que dentro de mi balancees tu cuerpo así
Ven aquí y cúrame las heridas a mordiscos suaves
Ven aquí y cruza mi piel para quedarte en mi alma
Me parece tan irreal que me hagas tocar las estrellas
Arrástrame por el cielo, hazme volar sobre el mar
Apuñala mis miedos y derrótalos con caricias
Ven aquí y quédate a dormir dentro de mi
Ven a mí y mátame de amor
Demuéstrame que se puede torturar con la lengua y ...tortúrame
Acompáñame a descubrir el infierno a besos... debajo de mis sabanas
Llévame al límite de la locura empujando suave, una... dos y mil veces
Ven a mí y encadéname a tu cuerpo
Mientras me penetras y sacúdete la rabia conmigo
Ven a mí, seduce, muerde y párteme en dos
Róbame el corazón y los sueños húmedos
Llora tu dolor sobre mis pechos...  que yo lameré tus lágrimas
Acerca tus caderas a las mías, y baila mi sexo...
Ven aquí...
 "SoloAlas"

viernes, 26 de abril de 2013

Bailar para ti... 25 y 26. THE END.

Fotografía y maquillaje de Myriam Franco Perez.




Bailar para ti... 25.

Poco a poco, gotita a gotita, mi cuerpo se normalizó y fui asumiendo las perdidas, aceptándolas y adaptándolas a mi vida de aquel instante.
A Anastasia, no la perdí del todo, solo su cuerpo físico. Puedo sentirla en el centro del pecho. Y si quiero verla, solo tengo que cerrar los ojos y acudir a nuestro amor, aparece y a veces hasta la oigo olisquear.
A ti, te aparqué en un rincón de mi corazón, con todo el dolor que produce cerrar la puerta y dejar dentro, todos los sentimientos.
Si alguien no entiende la frase anterior, es porque nunca ha cerrado puertas con amor, cualquiera que lo haya vivido, haya sido él o no, quien dice adiós, sabe perfectamente de lo que hablo.
La impotencia es una constante, esa se te cierra a las muñecas, impidiéndote actuar para que no haya más dolor.
La esperanza, está brillando intensamente y lucha contra la realidad, sabiendo que debes matar a esa luz inmensa y cuesta tanto matarla... está alimentada de ilusiones, de amor, de deseos, de sueños, de sonrisas y suspiros... Similar a, matarte a ti mismo.
Eso lógicamente, produce rabia y la rabia, lleva a la culpabilidad de sentirla. Son procesos muy difíciles de controlar, una batalla cruenta, interna, que mantienes contigo mismo.
Hasta que llega la resignación y te entregas a ella, desarmado y con las manos en alto.
Aceptar, aprender y avanzar. La verdadera vida.
Pero todo tiene un final, ese proceso también, el famoso túnel, con la luz al final. Lo vivimos más de una vez y dicen que a la hora de nuestra muerte, es nuestro último camino.
A veces el proceso dura toda una vida y hay que retroceder continuamente, para solucionar el problema, porque si no, nunca tendrás paz interior.
Por eso, calma, no hay que precipitar las cosas, por muy largo y duro que se nos haga, tenemos que aprender...
Eso no significa que debes anularte, que no debes ilusionarte con otras cosas, al contrario, cada ilusión nueva, es un motivo más, para seguir viviendo y la vida, es un regalo, no lo malgastemos. Eso me lo digo a mi misma, a diario, para no perder la fe.
El verdadero cambio del mundo, anular lo que está matando a nuestro planeta, comienza desde nuestro interior, de a poquito, hacia fuera.
No nos sirve de nada gritar injusticias externas, si cuando nos ocurren en el pecho, no las queremos ni oír.
Cree en ti, en tu poder, en tu fuerza, en tu belleza interior y hazlo real, día a día, tú sanarás, el mundo sanará.
Yo, escribo, porque a veces solo necesitas expresarte. Intento matar mi miedo a hablar y hasta ahora, es lo único que he encontrado para hacerlo.
Por eso debo continuar con mi historia...
Teníamos que montar el espectáculo y yo era la encargada de elaborar primero un guión, la historia, lógicamente, lo que vive en ti, es lo primero que aflora. Luego buscaríamos a los personajes de la historia, en este caso bailarines especiales y por último el proceso comercial y de marketing, para vendernos y lo mejor para ello, es creer ciegamente en lo que estás haciendo.
Los vendedores de pócimas mágicas, que no eran tales, solo duraban como mucho cuatro mercadillos, la gente no es tonta y acaba reconociendo las mentiras.
Aunque curiosamente a nuestra historia, a la de la humanidad, durante dos mil y pico años, nos han vendido una pócima mortal, mintiendo continuamente y seguimos comprándola.
Quizá sea verdad eso de que, nuestro destino sea, acabar con nosotros mismos...
La historia estaba clara, sexualidad, ya que era un espectáculo erótico, toque de humor necesario para seguir sonriendo... y yo, lo necesitaba más que nada en el mundo, y como no, nuestra historia, la que acababa de vivir, camuflada en el interior. Era inevitable, cualquiera que sea creativo, sabe que cuando las cosas afectan de verdad, de alguna manera afloran en el trabajo y los hace reales y auténticos, creíbles, sobre todo, porque lo son.
Cada madrugada, me despertaba creando. Es la hora de mi musa y me dejaba llevar por el pecho, por las tripas, por las lágrimas, por las risas, pero sobre todas las cosas, por el amor... Pues lo sentía vital, en el pecho y no solo lo sentía por ti, lo sentía por el amigo, por los niños, el mar, la vida...
Creía en mi y de nuevo, la esperanza renació, pero por mí, por mi vida. Y mi meta, fui yo, sin dejar de perder mi esencia. Aunque dudé de mi misma, muchas veces. Temblaba de dudas, tenía que volver una y otra vez atrás. Revivir y reconocer los motivos por los que había actuado y en todos vi la misma respuesta, amor.
Lo que yo llamo, acicalar mis alas.
Puesto que son las primeras que sufren, se dañan, se estropean y a veces hasta se rompen del todo, mima tus alas... eso hice.
Y nació el espectáculo, el nombre, estaba claro... El "SoloAlas"...


Bailar para ti... 26. THE END.

Primero porque era un reto, un enfrentamiento al mundo que, no quiere reconocer el erotismo y la sensualidad, como algo natural. Es nuestro método de apareamiento, como lo tiene cualquier animal y además es placentero, produce sensaciones únicas. ¿Por qué no tratarlo con el respeto y la libertad que se merecía?. Sobre todo respeto, respeto entre adultos. Siempre con el consentimiento de ambas partes. SIEMPRE.
No a la pederastia, no a las violaciones, no a los chantajes para conseguir sexo, no a las mentiras para conseguirlo, no a la prostitución infantil, no al comercio sexual obligado. NO.
Nunca te rindas, no, porque al doblar la esquina, puede estar la respuesta, puedes tenerla a un paso, o a mil, pero sigue...
Es tú sentido... el propio.
La historia del espectáculo, será para otra ocasión...
Bailar para mí, es lo que hecho desde entonces.
Bailé y disfruté de la isla. Me enamoré de ella y con ella, de sus amaneceres, de los acantilados, de sus gentes, de su mar, recordando en cada instante el mío, de sus pueblos, llorándole al mío. Doce años...
Durante mucho tiempo, te lloré a ti, por la perdida. Porque me reconocí a mí misma, que por lo que fuera, ya daba igual.
Había perdido a un gran hombre, que vi, durante aquellos meses, entregar y entregarse a los demás y a la vida, claramente.
Perdí a un gran amante, que se dio a mí, con la misma intensidad y fuerza, que lo hice yo.
Perdí al amor, aunque fuera yo sola la que lo sintiera, me costó mucho rendirme ante la evidencia, no quería verlo.
Al amigo, aquel que me apoyó, consoló, ayudó, oyó y me abrazó, aunque fuera a escondidas, me abrazó.
Y a la persona, al padre, hermano, hijo, hombre luchador, agradable, simpático, risueño, que se derretía con sus hijos, que creía y tenía su propia fe.
Las alas negras, aquellas de las que tú me hablabas, no eran tan negras créeme, llevaban corazoncitos rojos. Aunque tardé en verlo.
Lo nuestro duró seis meses, seis días, tardé en olvidar al hombre, seis semanas, al amante, seis meses, al amor, seis años, al amigo y harán falta por lo menos seis décadas, para olvidar a la persona.
Ayer paseando por mi pueblo, a mi regreso, te volví a ver y volví a sentirme orgullosa de ti, tú no me viste...
Paseabas abrazado a tu amor, ella sonreía abiertamente, me gustó su cara y la tuya... sobre todo. Había niños, guapos y risueños. Me recordó al instante de tus canciones, esos en los que te entregabas cantando y sin querer, no pude evitar sonreír abiertamente, incluso reí.
Si sirve de algo, me perdoné y te perdoné... Te deseé lo mejor y me lo deseé, desde el corazón, porque ambos, lo merecíamos.
Y me consoló ver tu felicidad. El dolor que pudimos causarnos, se redujo a nada.  Éramos los únicos que teníamos derecho a ello, tu y yo, nadie más.
The end...
"SoloAlas"...



jueves, 25 de abril de 2013

Bailar para ti... 24.

Mi mar... "SoloAlas".





Bailar para ti... 24.



Bajé de allí para besarte directamente, importándome el mundo, sinceramente... una mierda.
Besarte, comerte la boca, delante de todo el mundo.
Quería dedicarte mis propios espectáculos eróticos y como único escenario, tu cuerpo.
Retiraste mi abrazo, apartándome de tu cuerpo por primera vez, con control y seguridad, no querías demostrar por lo que yo había luchado, apostado y tú... simplemente disfrutado. Eso creí, puedo jurarlo.
Así que no había más que decir, no pensaba mover un dedo más, por algo que no tenía, me había dejado sin... sentido.
La rabia tuve que comérmela con patatas, la frustración colgármela de serpiente en el cuello y por primera vez te odié.
El odio es el cielo nublado, el día de playa. La rabia, el paraguas y la venganza, bañarte en el mar, a pesar de caer el chaparrón del siglo.
Pero la satisfacción por ello, dura muy poco, no merece la pena para quienes tienen conciencia. Y sobre todas las cosas, yo, conocí al hombre, persona, amigo y amante. No quería que mi odio, manchara a la persona que realmente eras, un hombre bueno y, a mis propios sentimientos, aunque los desteñí, sin poder evitarlo.
Y dije que sí, me marché de allí, dejándome el corazón, las preguntas en el aire y los porqués pintando calles.
Decir adiós a mis pequeñas, fue todo un drama, lagrimas silenciosas y controladas, decorando la clase y reflejándose en el inmenso espejo de la pared.
Cerrar mi casa, mis recuerdos y sobre todo, mi azotea, sin saber si querría o no, volver.
De ti, no pude despedirme para siempre... así que me fui de allí, sin decírtelo.
Recuerdo el viaje en el avión, Tenerife, era nuestro primer destino, había posibilidades de montar el espectáculo allí.
Y nos fuimos los tres... locos y Anastasia, sin nada en las manos, con los bolsillos repletos de ilusiones y dinero de la venta de la disco. Sin nada más, ni una sola idea clara, de lo que íbamos a hacer, una vez más, dejábamos que la inspiración e improvisación, aparecieran en escena.
Con el corazón roto, dejando sumar segundos a minutos, estos a horas y así, continuar los días, para saber de pronto que uno de ellos, en aquel momento... demasiado lejano, recuperaba la ilusión, las ganas y se apagaba el dolor.
Alquilamos un apartamento en la costa de Adeje, playa de las Américas. Ni siquiera pude apreciar el paisaje, hasta pasados muchos días. Habíamos decidido que el primer mes lo íbamos a dedicar a descansar y recopilar ideas, pero Anastasia, no estaba bien. Yo, preocupada por mi dolor, no me di cuenta de que a Anastasia no le invadía la tristeza como a mí, si no, una enfermedad. Y se fue, en tres días, no me dio tiempo ni a reaccionar.
No puedo narrarlo, lo siento.
Cuando la muerte actúa, todo lo demás, todas las lágrimas extras, te avergüenzan y te hacen sentir una injusta. Era irremediable hundirme en la pena, como yo me vi en aquellos días, arrastrando los pies, buscando algo, lo que fuera, que pudiera consolar mi dolor. En esos casos, creedme, vale cualquier cosa, todo es justificable, porque mal no puedes hacer, no tienes ni energía, ni fuerza, para levantarte, mucho menos para empuñar un arma...
Menos mal que tuve a Gery y Antón, que me secaban las lagrimas a besos, no dejaron de abrazarme, ni tan siquiera para dormir. Era la primera vez en muchos años, que yo sentí el amor de mi viejita, en otros brazos.
Soñé con ella y con Anastasia, paseando, por el paseo por el que yo me torturé, durante años.
Cada día me despertaba con una única obsesión, agarrarme a que la vida no se acaba, que las sentía en mi pecho, que estaban incluso, más vivas que yo. Y puedo asegurar, que si no llega a ser... que las sentí de verdad, que aprendí a ver mejor, porque me abrieron más los ojos, ellas, yo, me hubiera rendido...
El dolor se hace constante, en el pecho, te duele el alma, de veras y a veces el desconsuelo, se hace tan vital, que incluso te ahogas.
Los ganadores de esta vida, no son los triunfadores. Ser triunfador es otra cosa, los verdaderos ganadores, son los que caen al suelo y sienten la fuerza en sus brazos, el impulso y la necesidad, de levantarse...
Hay que dejar llorar y si se quiere consolar, solo abrazar, no pedir que se mueva en el acto, que no se hunda, porque si no, el proceso se alarga. Todos tenemos nuestros propios tiempos de recuperación, que sumados a ellos, están las circunstancias y la actitud ante la vida.
Si quieres sacar a alguien del dolor, cuéntale de lo bello de la vida, canta canciones suaves y baila con esa persona, al tempo de su música interna.
Y llévala a ver el mar...
"SoloAlas"...

miércoles, 24 de abril de 2013

Bailar para ti... 23.

Luis Royo, Malefic 20.





Bailar para ti... 23.

Me saludaron cariñosamente, ósea que bronca no había...
.- Siéntate Criss. Y eso hice, con toda la tranquilidad del mundo.
La sensación de estar como en casa, siempre, aunque me regañaran, me acompañaba con ellos. No sentía miedo, no ocultaba mis pensamientos, ni mi cuerpo, no media lo que decía y tampoco yo les media a ellos.
Eran espontáneos, sinceros, habían perdido demasiado en el camino, como para pararse en esconder nada y eso, es genial.
Siempre, desde chica, he querido rodearme de gente así, como yo solía decir...
Si te van a apuñalar, que sea de frente, así tu puedes esquivar la puñalada.
.- Nos han hecho una propuesta... fantástica, vamos a vender la discoteca. Serio Antón. Gery, asentía con una media sonrisa y la nariz roja, eso era buena señal...
.- Vamos a realizar nuestro sueño, montaremos una compañía de espectáculos y danza, erótica...
Sus sueños, a mí, siempre me daban envidia sana, por lo locos y espectaculares que eran para el resto del mundo y lo sensibles y sensuales, para mí... Yo, quería irme con ellos, lo tuve claro, en el segundo cero.
.- Te queremos con nosotros... esto lo dijo Gery, mirándome directamente y abriendo entera su sonrisa, sabía que yo me moría de ganas por decir que sí.- Pero... tendrás que dejarlo todo, no tendremos hogar fijo, es una decisión difícil, así que piénsatelo.

Era la primera vez que tenía que frenar a mi lengua con ellos, quería decir si, si, si, si, pero tenían razón, mis niñas, mi pueblo, tú. Sobre todo en aquél momento, tú...
Así que les pedí un par de días y bajé a la disco, a buscarte, me tocaba actuar en cinco minutos, poco podía contarte.
Te encontré apoyado en la columna de la disco, sonriente. Fue verte y mi corazón decidir que... quería estar contigo. Sonreías de medio lado, mirándome de arriba a abajo, con unas ganas locas de hacerme el amor.
Había aprendido perfectamente el lenguaje de tus ojos. A tu boca, a veces no quería ni oírla, solo, besarla, no sé porqué, pero más de una vez te callé a besos, para oírte de verdad, con las manos y con las caricias, ese era nuestro mejor lenguaje, ese y la música, bailarnos...
Me acerqué a ti, apoyé mi frente en la tuya y cerramos los ojos, bailamos la música lenta que salía de los bafles, sin tocarnos, solo apoyados por la frente.
Y nuestro ritmo era tan igual, tan perfecto, tan compacto que, nos acariciamos todo el cuerpo, lentamente, en cada click de dedos de la melodía, sin rozar nuestras pieles.
En aquel rincón, que parecía oculto, de la discoteca, demostramos al mundo, que no había sitio para esconder nuestra pasión, que no hacía falta hacer el amor, directamente, en mitad de la calle, para demostrarlo, así, con toques suaves de música, se demostraba y se daba por hecho, que lo nuestro era fuego puro.
Acabó la canción y abrí los ojos, para ver tu boca respirar, lentamente, parecía que, acababas de descubrir lo que sentías y te estaba ahogando, te presionaba el pecho y estuviste apuntito, te faltó nada, para gritarlo en mitad de la disco. Tus ojos me dijeron, te amo... y tu boca... maldita charlatana...- Sube ahí arriba, te toca, guapa...
Que mosqueo cogí, tanto que, cuando iba directa a mi posición, no me di cuenta de que ella, nuestra amiga, nos había estado mirando, aunque, ya en la posición la miré y ella me miraba directamente, con ojos interrogantes y una mirada sería, preocupada, no me gustó ni un pelo aquella mirada, siento si fui injusta, pero no me gustó nada, que precisamente ella, supiera lo nuestro.
Eran las horas de casi el cierre, así que las canciones eran lentas y sensuales, que dejaban que la gente pudiera tener conversaciones íntimas, las parejas o posibles amantes, se atrevieran a más, motivados por la intimidad de la música y los solitarios, miraran mi baile, para irse a casa suspirando, soñando y recreados con la visión de una mujer que le hace el amor, a la música.
Y eso hice, el amor, moviendo lentamente el cuerpo, las caderas y acariciando mi pecho y mi estomago, sin vergüenza alguna, dejándome llevar por el son. 
Mi culo, podía verse por el vuelo de la faldita corta y lo movía, provocativa, sabiendo qué eso a la canción, le producía erecciones fantásticas y a mí... sensaciones únicas. Nunca he podido abrir los ojos en esos momentos de entrega, entrecerrados, a veces cerrados, pero abiertos completamente, jamás, porque, yo no estaba allí, yo no era la bailarina de la tarima...
Era la danzarina de un lugar entre el cielo y la tierra, con los siete velos de la magia, extendiéndolos al aire y regálandolos sin mirar a quien.
"SoloAlas"...


martes, 23 de abril de 2013

Bailar para ti... 22.

Luis Royo
XVII
(off"Dome")



Bailar para ti... 22.


Aquellos días fueron maravillosos, pero la rutina tenía que volver a nosotros. Y con septiembre ya entrado, yo retomaba las clases con las pequeñas y mi trabajo en la disco.
Volver a las clases me costó demasiado, adoro a las pequeñinas, pero me había acostumbrado a la paz de tus brazos y al placer de tu silencio. Los gritos y risas, eran adorables, pero no seductores. Aunque eso me devolvió un poco de realidad.
Así, tomando consciencia de que hay una vida, de que, hay que lucharla, salir adelante, crecer y aprender, cuesta menos... la hora de decir adiós.
Y yo, ya intuía que nuestro amor, tenía fecha de caducidad. En realidad no sé si fue intuición, mis propios miedos o tu frase...- Te quiero mucho, como amiga.
Curiosamente, esto me lo decías con los ojos brillándote de amor y con frases alternadas de...- No quiero y no puedo frenarlo.
El amor, dicen por ahí, que es una gran amistad, con encuentros sexuales. Lo nuestro, en realidad fueron, grandes encuentros sexuales, con una posible amistad.
Pero mi forma de sentir y la tuya, al igual que las formas de pensar, son distintas. En eso no se equivocaron, aunque acertaron de puñetera casualidad, porque ni te conocían a ti, ni mucho menos a mí.
La primera realidad, visible que tuve, fue despertarme en mitad de la noche, contigo y ver claramente, que tú tenías tú espacio definido, que no me buscabas en mitad de la noche, para abrazarme. Un simple abrazo, te dice tantas cosas.
Tenía que ir haciéndome el cuerpo a ello y eso hice, adaptar mi cuerpo y mi mente a la posibilidad de perderte. Hoy en día, no sé si fue un error o un acierto, porque quizá mi miedo, provocó el desenlace... o no. Eso, solo lo saben los magos del destino.
Mi regreso a la disco, fue más llevadero, podría expresarme encima de la tarima.
La primera noche, una casualidad, una chica nueva con la que había compartido clases de ballet, de pequeña. No recordaba demasiadas cosas de ella, solo que me parecía sincera, directa y buena bailando.
Nuestro encuentro fue muy especial, me ilusionó volver a verla, habían pasado un montón de años y ella, sentía la misma ilusión de verme.
Y curiosamente, zas, apareciste, la abrazaste y besaste en la mejilla. Os conocíais, es más, erais grandes amigos. Charlamos riéndonos, los tres, dando por sentado que entre nosotros tres, había amistad, sin más.
Quedó claro para ella, que tu y yo, éramos amigos, como me dijiste entre risas.- No voy a decirle que follamos como locos, no?. Me dieron ganas de decírselo yo. Hasta tú frase, me daba igual, pero después de oírla, me pareció hasta... ofensiva. No porque no fuera real, era una realidad constante, era porque acababas de abofetearme con ella y sin importarte una mierda, lo que yo estaba sintiendo.
Y no me guarde mi enfado, te lo dije y cerré el tema.
Ella actuó una hora antes que yo, pero no pude mirarla, estaba tan... en mi mundo, que no aprecié su baile, pero creo que fue bueno, por la ovación.
Tú aplaudías encantado, entonces si sonreí, porque te vi generoso con ella y eso me puede, la gente que va regalando palabras amables, gestos cariñosos, me pueden. Un poco de mis miedos se evaporaron, para bailar encima de la tarima.
Mis jefes, me llamaron al despacho antes de actuar y subí sin sospechar siquiera, para que me necesitaban.
Abrí la puerta gris de metal, dura y pesada, en la parte trasera de la disco. Aquello no era un despacho, era las entrañas del videojuego, comecocos, los mismos colores, chirriantes, dañinos y el fuerte olor a taller mecánico, que nunca he comprendido pues se trataba de un despacho, no de las mazmorras del infierno.
Y contrastaban con las caras amables de mis jefes, Antón y Gery, una pareja adorable.  Antón, gallego de un metro ochenta, corpulento, sonriente, enternecedor, que dejó su tierra y su familia, porque no entendían que un hombre de su tamaño y volumen, quisiera en realidad ser, una princesa de cuento. Lo era sin dudas, no he conocido  miembro de la realeza, con tanto estilo, glamour y toques sensuales, andando encima de plataformas de cincuenta centímetros y con peluca estilo Lolita, que aquella pedazo de princesa encantadora.
Y Gery, Gery era para comérselo, sensible, de tierra fría y corazón ardiente, Irlandés. De pequeño soñaba con ponerse la falda escocesa, con botines de tacón y punta. Teniendo que usarlos para apuñalarse el corazón y dejar a los suyos, por falta de comprensión.
No os dais cuenta del dolor que supone para un ser humano, gritar al mundo quien es y ponerse con ello, a los suyos, por enemigos. Ver el rechazo en un hermano, la mano que le señala, de su propio padre, que se avergüenza de él. Cuando tiene un interior más bello que un campo minado de amapolas rojas. Quedémonos con las cosas buenas, no es tan difícil amar al ser, es lo que debemos amar, el resto son adornos.

Los adornos:              
Paseamos por esta vida, a veces con pasos lentos, otras tan rápidos que le ganan el pulso al tiempo.
Vamos adornándonos el cuello... con collares engarzados de lágrimas.
Con broches que nacen del pecho, broches brillantes llenos de latidos.
De pendientes... besos perdidos.
Como Carmín... las bocas que a veces incluso ni deseamos, ni amamos.
Te llegas a vestir con el orgullo, con la pena, con la ilusión y la maldita desilusión...
Por zapatos... a veces unos que pesan tanto que te rompen los tobillos y otras, zapatillas de ballet, que hacen que te eleves danzando al cielo.
Pero muy pocas veces, muy poquitas, tan poquitas que apenas la recuerdas...
Paseas completamente desnudo, al antojo de los vientos...

Ellos decidieron pasear por la vida, desnudos de mentiras, mostrando ser quienes eran, puesto que no dañaban a nadie, no mataban, no herían. Y eso, para mí no solo es un acto de valentía, es un honor a la verdad. Los verdaderos derechos del ser humano.

"SoloAlas"...

lunes, 22 de abril de 2013

Bailar para ti... 21.

MORNING- Leonid Afremov.
afremov.com





Bailar para ti... 21.

Yo hubiera dado mi vida por ti...
La hubiera sacrificado sin dudas, en el aquel instante. Si me pides mis sueños, en aquel momento, te los hubiera dado todos, no me hubiera quedado ni uno, tan solo el de... amarnos.
Cualquier cosa que me hubiera alejado de ti, la hubiera matado... menos a ti.
Te tuve en aquella azotea, mirándome en silencio, embelesado, con la luz de las velas reflejadas en tus ojos.
Con la timidez del niño, que aun habitaba en ti. Temblabas acariciando mi cuerpo, con miedo, con sorpresa y fuiste más tú mismo, que jamás en toda tu vida.
No te avergonzaste de ti, ni mucho menos de mí. No te importó que, el ángel del amor, nuestro ángel, estuviera allí con nosotros aquella noche, espiando desde ese inmenso cielo, nuestras caricias, enseñándonos a explorarnos y acariciándonos a la vez... a ambos.
Y aquella noche, rozando el límite de lo que muchos consideran impuro, fuimos más puros que nunca.
Como el dulce de leche, sabía tu piel...
Mi lengua pionera de mis caricias, paseó tu cuerpo, de arriba abajo y de abajo arriba, parando a deleitarse en tu pene, que me encantaba. Sí, me gustaba comerte, no podía evitarlo, me sabias a gloria.
Y con ganas me tragaba una y otra vez, esa gloria. Si eso es pecado, iré al infierno mil veces, porque mil veces me la tragué, comí y bebí, llena de ganas, tantas, que nunca se saciaban.
Mi cerebro se evaporó, no habían guerras en el mundo, no existía el hambre, ni el dolor de las madres, que pierden a sus hijos. Las palabras... miseria, pena, llanto amargo, angustia, egoísmo, invasión, manipulación y sobre todo, sobre todas, la palabra mentira, desaparecieron del vocabulario mundial, para convertirla en una única palabra, en negrita y subrayada, mayúscula... AMOR.
No sé si fue el aire fresco de la noche o tus manos, pero sentí perfectamente como, cada poro de mi piel se erizaba, lentamente, a tu paso, adormeciendo mis dolores, mis penas. Entregándome lánguidamente y por entera, a la paz, al placer, al olvido de los millones de años que tiene este planeta.
Fuimos Adan y Eva, en el momento en que se hicieron el amor por primera vez.
Tu pecho fue mi néctar y tu cuello, la puerta del cielo, el cielo... tu boca.
Besarte y comerte el aliento, mientras nuestras pieles se entretenían, centímetro con centímetro. Nuestras manos, dedo con dedo. Incluso entre nuestras alas, se acariciaban la una a la otra, confundiéndose, sin saber cuáles eran del uno y del otro. Besarte era morir, morir, morir en paz y con la satisfacción de la plenitud de la vida.
Y hasta mis pechos, florecieron, porque toda mi piel, quería salir a tu encuentro, recibirte antes de adentrarte en mi. Y mis pezones atrevidos, fueron más duros, más punzantes, perfectos en las caricias, la dureza acariciando con infinita ternura... como jamás en mi vida los había sentido.
Me subí a ti, porque no podía frenar a mi cuerpo, no me podía, ni podías dominar.
Y te cabalgué, a la vez que te sentí entrar en mi, lentamente, suave y dulce, con el ritmo perfecto que me marcaba tu cuerpo, sin palabras, sin gestos, solo una mirada intensa a tus ojos.
Una mirada infinita, de esas que no saben, que no pueden mentir, de esas que no conocen el miedo, que son atrevidas hasta morir, la misma que comparte una madre con su hijo, la primera vez que se ven. Esas miradas, son más honestas, que la vida misma.
E hicimos el amor, entregados al destino, rendidos, sonriendo tímidamente al placer de vivir y sabiendo perfectamente que podía finalizar, pero aquella noche, nada ni nadie, en el mundo, en todo el universo, ni siquiera las brujas malas de los cuentos, pueden robárnosla, ni a ti, ni a mí, ni a nuestro ángel testigo, del amor.
Dormimos al raso del cielo, desnudos, abiertos al mundo, con nuestros cuerpos entrelazados para protegernos el uno al otro, hasta que el día nos cegó y despertó.
"SoloAlas"...


domingo, 21 de abril de 2013

Bailar para ti...20.




Bailar para ti...20.

Aquel sábado, fue de día para mi pueblo, por la tarde para mi, comprarme ropa, velas perfumadas y disfrutar de mi ternura interior. La noche te la había prometido...
Me sentía tan bella por dentro, como por fuera, no tenía ni una sola duda de ello. Me lo decían tus manos cada vez que, me acariciaban y tus ojos cada vez que, me mirabas.
Te esperé, nerviosa e inquieta, porque sabía que se me notaba demasiado y estaba muerta de miedo, no quería decirte... te quiero, con palabras, pero era idiota, todo mi cuerpo y mis ojos, lo gritaban y hasta mi pelo, se le notaba.
La casa, iluminada entera hasta la azotea, con velas. Subir hasta allí, el equipo de música no me costó nada, comparado con el colchón. Que lo extendí allí, en mitad del suelo de cemento, cubierto con sabanas blancas de lino, pétalos de rosas rojas y estrellas de la noche.
Como compañía, una botella de cava y el aire fresco de la noche.
Pegaste a la puerta, con la misma suavidad que, me besaste al abrirte. Tus ojos, estaban tan brillantes como aquel cielo negro.
Tu beso, solo, ya me hizo estremecer de por entero.
Suave, tu boca, que me quemaba viva, lenta tu lengua, que me curaba las heridas.
Tu mano en mi cuello, deslizando lentamente tus dedos, la otra en mi cintura, apretando fuerte contra ti, tanto que, tu calor, traspasó nuestras pieles y me llegó hasta las entrañas.
Tuviste que sujetarme fuerte, porque volaba, me elevaba y me iba a esa azotea antes que nuestros cuerpos.
No había creído jamás en las fronteras, aquel día, le hice juramento de lealtad a la frontera de tu abrazo. No quería estar en ningún lugar distinto, no quería otra tierra, no podía, ni creía, que sería capaz de vivir en otros brazos, durante el resto de mis días.
El mundo entero dejó de existir... en aquel instante.
Hubiera jurado, lo hubiera apostado, aunque a día de hoy, tenga que tragarme todas esas promesas y juramentos, que tú tampoco querías estar en otro lugar, jamás...
Te tapé los ojos, para llevarte hasta la mesa, esa noche íbamos a cenar antes... Y viste la mesa y sonreíste, una simple ensalada...
Una ensalada, encima de un mantel de plástico, sin adornos, sin flores, tan natural como un cuerpo desnudo. Tan simple como la piel. Pero con el amor como ingrediente principal y con ese ingrediente, el éxito, estaba asegurado.
Cenamos, mirándonos, con sonrisas cómplices, charlas amenas, sin prisas y sin risas.
Observando uno a uno, cada uno de nuestros movimientos, el miedo volvía a mi continuamente, cada palabra la medía y la controlaba, para que no se me escapara, para que no se colora el... te quiero, entre ellas.
Y cuando recogimos la mesa, ayudándonos mutuamente, besándonos en cada visita a la cocina, con el miedo de ser sorprendidos por Anastasia, que, cada vez que venía a vernos, nos pillaba y se marchaba con la cabeza gacha, sin saber que ladrar, incluso desistió de movernos la colita, se iba derecha a su cama, se tumbaba triste, pensando que me había perdido para siempre y hacía un uhmm perruno, en el que demostraba que intentar seducirnos, era inútil.
Y cuando ya no quedaban más excusas, te di la mano, subimos los escalones de la azotea, en cada escalón una vela y salimos a la noche, para encontrarnos de frente con la belleza de las luces de las velas y las de mi pueblo iluminado, en mitad del negro profundo de la sierra.
Te mantuviste quieto e inmóvil, mientras yo dejé caer el vestido de lino blanco, al suelo, resbalando lentamente por mi piel, el tejido imitó el recorrido de tus ojos, acariciando mi piel lentamente.
No había nada más, mi piel entera, mi cuerpo completo, sin perfumes si quiera, mi cuerpo y mi alma, sin más, para ti, aquella noche y todas las que tú quisieras...
"SoloAlas"...