"SoloAlas"

Y no soy para nada un... ángel. Aun sigo viva.

domingo, 22 de octubre de 2017




En lo fácil que seria rendirme a mis propios sentimientos. En lo poco que me costaría seguir la vida, calmada, en sintonia con mi corazón.
Dedicarme a mi misma, dejar a mi corazón resguardado, escondido, atrapado entre mis muros.
Protegida entre los míos, refugiada en mi día a día, dejar que me envuelvan los sueños y no vivirlos.
Pero hay algo en mi.... Hay algo tan inmenso, tan grande, tan completamente arrasador, que no me deja, que no se conforma, que lucha desgarradamente y con todas sus fuerzas, para que despierte, para que siga mi luz, para que ame, para que no me conforme y plante cara.
He amado hasta aterrarme a mi misma, con mis propios sentimientos. Los callé, los maté, los pisoteé y siguen aquí, entre mis alas, entre mis garras.
Cuando eres imposible, lo mejor es aceptarte....
"SoloAlas".

miércoles, 18 de noviembre de 2015

"SoloAlas" El arte del erotismo. 34


Aquella tarde, yo no existía, simplemente no estaba, necesitaba café en vena, dormir, pegarme una paliza en el gimnasio, llorar, escribir... y no podía, no había tiempo.
Organizar los siete masajes, miércoles, jueves y viernes, sin él, sin su dietario, era imposible. Por más vueltas que le diéramos, había que llamarle, eran casi las ocho y nos había comentado que tenía un compromiso...
.- Patricia, por favor, llámale, dile que necesitamos cuadrar ahora mismo todo, que no podemos esperar a que él pueda, que son demasiados masajes para tres días.
David me miraba sacudiendo la cabeza y sonriendo.- ¿Por qué me miras así?. Y sonrió asintiendo.
.- Llámale tú, retándome. Cuando David es escueto en palabras, no es un consejo, es una orden... ¿Tan transparente soy?, hasta David sabía que estaba completamente acojonada y lo peor es que se partía el culo por ello.
Me fui a mi despacho, cogí el móvil e intenté parecer natural. Siete tonos, a punto de desistir...
.- Hola, señorita SoloAlas...
.- Hola caballero de mis próximos sueños... ni loca le iba a reconocer eso...
.- Buenas tardes Daniel, discúlpame, sé que tienes un compromiso, pero es que tenemos que cuadrar los masajes, y...
No me dejó acabar.- Lo sé, pero ahora es imposible que pueda atenderte, quedamos a las diez en Culture Club. Es una fiesta un poco particular, gala, buffet, música. Allí lo discutimos.
Pero este tío está loco, a ver, como voy a incumplir una norma estricta y necesaria, fuera de allí, las musas no pueden tener contacto. Y se lo comuniqué, tal cual.
.- No eres una musa, ya no, solo estás enseñándome tu "SoloAlas", no puedo dedicarte más tiempo ahora, si no te apetece venir o no puedes, mañana por la mañana, lo solucionamos.
.- Voy. No me quedaba otra y que narices... estaba loca por verlo.
.- ¿Quieres que pase a recogerte?, me pilla de camino, pero entonces tiene que ser cinco minutos antes. Su voz sonaba con normalidad, no había ni provocación, ni intencionalidad y ante aquello, lo único que me quedaba era la misma naturalidad.
.- Si, estaré en recepción, dame toque cuando estés fuera, saldré para que no tengas que entrar al parking, gracias.
Una despedida breve, estaba realmente ocupado y aun así, me dedicó su tiempo.
¿Quien tiene en su trabajo un vestido de gala?, aunque sea el "SoloAlas", allí solo había el vestuario de los rituales. Y yo tenía algunas mudas de ropa formal, pero nada que se le acercara a un vestido de gala...
Ocho y cuarto, no quería ni pensarlo, siempre voy con carreras de última hora, no podía recurrir a mi sobrina, estaba hasta arriba de trabajo, nadie de allí le podía dedicar ni un minuto a un vestido para mi, para una fiesta, incluso yo, estaba saturada.
Así que busqué una tienda cercana, por internet, llamé y les di instrucciones, mi talla, negro, gala y dos por lo menos, para elegir. Mandaría a recogerlos.
Terminé el papeleo que tenía entre manos, me llevó más de lo necesario, entre el atontamiento y las prisas, hice lo contrario a lo que debía. Nueve menos cuarto.
No dije nada, a nadie, no quería miradas acusadoras, interrogantes, a las diez cerrábamos, todos estarían en el cierre, recepción, administración y yo vestida de gala en la puerta... jajajaja, como no iban a enterarse. Imposible.
Sonó el teléfono de recepción... asomé la cabeza, rogando que no fuera un placiente de última hora, los de la tienda no podían ser, les había dado mi móvil.
Sonó mi móvil... Los vestidos estaban listos, recoger y pagar. ¿ A quién iba a mandar a por ellos?.- un segundo... les pedí.
Patricia con el teléfono de recepción en las manos, haciendo señales para pasármelo o que me acercara. Me lo tomé a risa... lo juro.
Suspiré, les dije a los de la tienda que en cinco minutos estaban allí para recogerlos. y me dirigí a recepción.
.- Patricia, necesito un favor, ella con la cara desencajada...
.- Yo, que atiendas personalmente esta llamada, es Claudio...
Claudio siempre nos hacía lo mismo, nos llamaba a última hora, pidiendo la sala que fuera, no era exigente, pero era un placiente muy asiduo, me vine abajo.
.- Buenas noches Claudio, ¿En qué puedo ayudarte?.
.- Hola, guapa, necesito un masaje, estoy allí en cinco minutos, no me importa la sala. Patricia dice que no hay ninguna, pero no me la creo.
Miré y Claudio tenía razón en no creerla, iba a matarla con los ojos.
.- Podemos solucionarlo, vente, han cancelado hace nada, la sala Universo, pero no está Zaira, estará Andrea y Cloé, de kasmijá. Él las conocía a todas, no tenía preferencias.
.- Perfecto...
No tenía tiempo para regañar a nadie, mis ojos ya lo decían todo.- ¿Me haces el favor?.. Coge mi coche ve a esta tienda, anoté la dirección y el nombre, recógeme unos vestidos a mi nombre, le paré con la mano, no preguntes, no tenemos tiempo, llévate mi coche y vuela.
.- Nena, dirigiéndome a mi princesa, Universo, Claudio, ya. Cinco minutos máximo, que estén solo hasta menos diez.
Miré el reloj... a la mierda el reloj, corre....
Y eso hice, subí como alma que lleva el diablo, quitándome la ropa por el pasillo interno, los tacones lo primero.
Volé hasta las duchas, sin reparar en toallas, ni ropa interior, ya me preocuparía después de la ducha.
Salí gritando a las chicas que veía por allí, pidiendo ayuda por favor.- Una toalla, por favor, secador, por favor, maquillajes, por favor. Tenía a tres o cuatro chicas, ayudándome sin preguntas, por eso adoro a mis niñas, son la ostia, son las mejores, únicas con los placientes, con sus alas y mientras me quede un poco de aliento, ellas también serán únicas en el "SoloAlas".
.- Mi ropa interior en el armario personal, negra, por favor. Corrieron al ropero, trajeron un montón de tangas y sujetadores negros, hasta ligueros, sonreí.- Perfecto, medias... en dos segundos tenía medias de seda negras en mis manos, perfectas para el liguero.
.- Tacones... oí gritar de fondo a Patricia.
.- Nena los vestidos están aquí, ya no pude oír más, el secador a tope, una de las chicas me secaba el pelo, bajándome la cabeza. Otra intentaba ponerme las medias, con sumo cuidado.
Levanté, la cabeza y mientras una terminaba de secarme, otra ponerme las medias, Patricia, sacó el maquillaje y comenzó a maquillarme.
Las otras dos chicas, desembalaban los vestidos, posándolos suavemente encima de las sillas de los tocadores, silbando y exclamando.- Que pasada!!!!, que bonitos!!!.
Yo no podía verlos, me estaban atando los tacones, secando el pelo, y maquillando el rabillo de los ojos.
Ya maquillada y con el pelo secado, intentaban recogérmelo. Mi pelo es imposible, así que decidimos dejarlo suelto y que me hicieran algunas ondas con las planchas.
.- Necesito pendientes y gargantilla.
Solo oí.- Gargantilla no, los dos vestidos son cogidos al cuello.
En pie, cogiendo el tanga y el sujetador que Patricia me daba, me los puse con dificultades por los tacones, el liguero... Me miré en el espejo, había perdido algo de peso, estaba preciosa. Tuve que reconocerlo, ellas silbaban, y Patricia...
.- Que culo tienes hija!!!
Bueno llegaba la hora de ver los vestidos y probármelos, el primero...
Sujeto al cuello, negro, como había pedido, pero...
No me gustaba, aunque ellas aplaudían, tenía la espalda baja, debía quitarme el sujetador y usar pegatinas de pechos.
El tejido era una gasa transparente, forrada en el interior, que se adhería al cuerpo, hasta la cintura, de ahí nacía una falda de vuelo, hasta los tobillos y que descolgaba un poco más baja, por la parte de atrás. Todo de gasa, capas y capas de tejido. Parecía una princesa negra. Aquel vestido en tonos rojos o rosas, hubiera sido una pasada, pero en negro, me recordó al video de Cristina Aguilera, Fighter, aunque el vestuario no tenía mucho que ver y ese video me encanta, pero yo no me sentía así...
Y lo descarté a pesar de las chicas. Fui por el segundo, eso era otra cosa...
Me di cuenta en cuanto me lo puse y todas se quedaron en silencio, mirándome y con una sonrisa sincera de aprobación.
Era también sujeto al cuello, con la espalda mucho más baja que el anterior, dejaba ver mi tatuaje de la espalda, así que me quité el sujetador y descarté las pegatinas. En satén negro, suave, brillante. Dibujándome las formas, descubriéndolas sin enseñarlas, intuyéndolas. Estrecho hasta el suelo, con una abertura hasta el muslo, en la parte izquierda. Le colgaba del cuello, por la espalda, una cinta de cristales negros, que se posaban en el trasero. Un poco más bajo y se me ve el tanga...
Con ese vestido el pelo suelto, era perfecto, los pendientes de lagrimas negras colgantes hasta los hombros, también.
Hasta yo me quedé sin aliento al verme en el espejo, recordando los años en los que era mucho más joven, ese día me veía incluso más bella, mucho más mujer.
Descarté las pulseras, por mi tatuaje del antebrazo, me daba un cierto tono de chica mala, malísima... Y eso es lo que se me maquilló en los ojos, en la actitud.
Es increíble lo que puede hacer el vestuario con la personalidad, yo he sido una diosa con tacones y apenas nada, con una bata de la empresa para la que limpiaba.
No se había formulado ni una sola pregunta, nadie dijo nada, todas daban por sentado, que si yo lo hacía, que si me estaba preparando, era por algo importante, al menos para mí. Eso no hay sueldo que lo pague.
Las miré y les conté lo que pasaba, la sonrisa de Patricia la iluminaba, que guapa estaba.
Respiré hondo, busqué un abrigo enorme, que apenas dejaba ver nada, tipo gabardina, quería sorprenderle y esa es una de las mejores maneras.
Sin querer, en ese instante me di cuenta... quería conquistarlo, seducirlo.
Y bajé a recepción, acompañada por todas, escoltada, algunas dándome fuerzas, ánimos, la mano y mimos.
David me miró y silbó.- Y eso que me has visto con el abrigo... Sentirte segura de ti misma, de que estás hermosa y bella, es una de las sensaciones más bonitas y con más encanto. Sobre todo cuando una vez, hace años, estabas segura de que no valías nada, ni como persona, ni como mujer. Recuperar esa sensación me costó mucho.
Sonó el móvil en el pequeño bolso que me habían dado, no sé ni de quien era, pero era precioso, lleno de cristales negros.
Despedí a todos con las manos, avergonzada y colorada como un tomate por sus aplausos y silbidos. Y salí.
Respirando hondo, llena de nervios, pero nunca me he paralizado, incluso con miedo, he guiado un pie tras el otro.
Su coche estaba lejos, en la puerta del parking externo. El aire soplaba suave, eso me ayudó a esconder la cabeza, a taparme los ojos, estaba un poco cansada de que se me adivine todo en ellos.

Aceleró y vino hacía mi, colocando la puerta del copiloto, justo delante mía, agradecí aquel gesto, me pesaban hasta los pies, por el mismo miedo. Abrí la puerta y entré, sin mirarle, me coloqué el cinturón, me temblaban los dedos...

domingo, 15 de noviembre de 2015

"SoloAlas" El arte del erotismo. 33



Se sentó y cumpliendo con el ritual, comenzó a desnudarse, mientras nosotras, nos denudamos la una a la otra, sin poder evitar rozarnos los pechos, mirándonos de frente, absortas la una en la otra. Deseándonos con el cuerpo, con los ojos y con el alma.
Neiko, derrotó mi miedo cubriéndome el cuerpo con el pequeño camisón de lino, dejándolo caer, deslizando por mi piel. La imité con la misma adoración.
En el baño, las miradas que mantuvieron ellos, se convirtieron en miradas a tres, me invitaron a su mundo y participe de ello, con los mismos deseos de ambos, los míos regalados, hacía ella y hacía él, los de Neiko, hacia Daniel y hacia mí. Los de Daniel, hacia una mujer dragón alada.
Fue un baño lento, en el que nos sumergimos los tres, nos restregamos las pieles, limpiándonos con mimos, con dulzura, unos a otros. Daniel no se quedó quieto, el quiso lavar nuestros cuerpos... también. Y lo hizo por encima del lino adherido, con las manos, con pequeños besos a nuestros pezones, algún que otro mordisco, suave... lleno de deseo.
Aquel hombre, no sentía ya, el miedo del primer ritual, no le importó mostrarse tal cual era, con la valentía de ser dulce, de ser humilde, ser sensual.
Nos besaba en la cara, con besos llenos de ternura.
Cuando su cuerpo se elevó por encima del agua, para que le laváramos los pies, vimos a un hombre que resurgía de sus propias cenizas, que elevaba el cuerpo al cielo entregándose, totalmente erecto, sin importarle algún tipo de crítica, de juicio, se declaró culpable y el mismo se condenó... al deseo.
Salimos de aquel baño, costándonos la misma vida, sin querer, necesitando más, pero sabiendo que íbamos a cumplir el pacto, el ritual.
Para secarle, me situé tras él y giró para tenerme de frente, me miró directamente a los ojos, ahora me raptaba a mi...
Dejó que Neiko le secara la espalda, mientras a mi me sujetaba del codo, para obligarme a mirarle, no quería que yo le secara, quiso que yo notara otra cosa...
Su erección en mi estomago, amenazándome con ella, directamente, sin presión. Y llegaba a mí, rozándome sin promesas, sin pretensiones. Convirtiéndose en un simple acto para demostrar que estaba entregado.
Si él estaba entregado, yo...rendida.
Lo llevamos al flutón, mojadas, caladas y no solo por culpa del camisón, chorreante.
Le invitamos a tumbarse, no quiso hacerlo de espaldas, él quería ser partícipe de cada uno de nuestros movimientos. No íbamos a poder con él y lo mostró con absoluto descaro. Sentándose en el flutón para observar cómo nos quitábamos aquel camisón mojado, la una a la otra. Cerca, muy cerca, a nuestros pies.
Y mi adoración al cuerpo de Neiko, a sus ojos y a su sonrisa, porque me sonreía... me traicionó, nos traicionó.
Nos besamos intensamente, Neiko y yo, nos derretimos la una a la otra, nos acariciamos olvidando por instantes que teníamos un hombre a nuestros pies, deseándonos con ganas, ambas nos habíamos probado y estábamos condenadas y entregadas.
Su cuerpo y su piel mojada, sus pezones, no pude evitar acariciarlos con la lengua, y ella me recorrió el cuerpo con la boca, de arriba abajo, deteniéndose en mi estomago, agarrándome el culo, con ganas, para enterrar su cara por encima de mi entrepierna.
Y Daniel sentado, nos acariciaba hasta donde llegaban sus manos, rogando un poco de aquello.
Se lo dimos. Le tumbamos ambas a la vez y comenzamos el ritual, un ritual del silencio, lleno de gemidos, de susurros. Neiko y yo, haciéndonos el amor, posadas en el cuerpo de Daniel, nuestras caricias fueron de él. Porque al acariciarnos, sosteniéndonos él, como lecho, se convirtió en testigo directo, los roces de nuestros besos y nuestros cuerpos, le acariciaban, le hacían participe sin serlo, un masaje distinto, que nunca habíamos practicado. Entre otras cosas, porque aquello no era un masaje...
Hasta que mi boca sin querer, buscó la de Daniel. Los besos con lenguas, son actos de deseo. Dependiendo únicamente de la musa, de sus ganas y su deseo. Solo ella decide si darlos y asume el riesgo, con todas sus consecuencias. Lo asumí.
Nos fundimos en un beso, me temblaron hasta las alas, su lengua era tan dulce, su boca sabía tan bien, que me morí por ella en ese mismo instante. Me dieron ganas de sacar de allí a Neiko y hacerlo mío, únicamente mío.
Me dejé llevar, como solo cuando sé que estoy perdida, lo hago. Cuando me rindo ante lo evidente, ante lo que me arrasa, hasta dejarme sin fuerzas para luchar contra ello.
Se repetía la frase que llevo tatuada en mi hombro. La misma que adornaba la sala Alas.
Abrí mi boca, busqué su lengua y perdí mi guerra...
Neiko no me había dejado marchar, yo le debía lo mismo.
Y giré con mis manos la cara de Daniel, para que la mirara a ella. Lo hizo, pero sin dejar de abandonarme completamente. Su brazo se apoderó de mi cintura y me atrajo hacía ellos, no quería dejarme, no. Era a mí a quien quería a su lado y lo demostró, presionando fuerte su abrazo, para hacerme sentir, asegurarme, de que me quería a su lado... incluso estando con otra.
La besó, pero en la comisura de los labios y descansó la cabeza en el cojín, cerrando los ojos, para abandonarse, para sentirnos totalmente, sin que su mirada le traicionara.
Y viajamos, nadamos, nos sumergimos en Daniel. Siendo una sola, al llegar al centro de su cuerpo, yo por la cabeza, Neiko por los pies, nos elevamos, besándonos. Puedo jurar sin mentir, que yo llegué a subir volando, flotando. Aquella mujer Dragón usó sus alas.
Nos situamos a los lados de Daniel, que cerraba y abría los ojos, con los brazos extendidos, erecto, impresionante, bello como él solo, un hombre.
Y nuestras caricias al pene, fueron alternativas, con dulzura, el aceite hacia que las frotaciones, los ocho anillos, las rotaciones en el glande...se convirtieran en el dragón serpenteando por su pene erecto. Su orgasmo fue instantáneo, haciendo que se retorciera, que su estomago se doblara, elevando las piernas y emitiendo un gemido ronco, casi un grito. Un orgasmo que le arrebató, segundos de vida.
Acariciamos y limpiamos, unos minutos más.
Aunque os parezca un acto de frialdad, en los masajes se está atenta al reloj, por cumplir rigurosamente lo pactado y por los placientes que esperan. En todas las salas hay un reloj adosado a la pared, que debes mirar con disimulo, al que debes prestar atención, estando o no abandonadas y cumplido el tiempo, te levantas y sales.
En aquel masaje, no se miró ni una sola vez.
Salimos de la mano, hechizadas, sonrientes y dejándonos tumbadas al lado de Daniel, las ganas de más...
Cuando pasas la puerta de la pequeña antesala, llegan las carreras, bajas al mundo real, quieras o no. Tienes a una Patricia dando instrucciones, atenta a los placientes que esperan, rogando y exigiendo que desconectes, que te duches, que te maquilles y otra cosa mariposa.
.- Nena, hay uno dentro de cinco minutos, tenemos que sacar a Daniel de ahí... miró a Neiko, vete a prepararte, ya!, Naimie, está lista, el equipo de limpieza esperando, el placiente en el parking. Te mato, hora y media...
¿Hora y media?... no podía creérmelo.
Yo misma debía sacar a Daniel lo antes posible, entré, pero el ya estaba en la ducha.
Di instrucciones a pesar de que Daniel estuviera en el baño, de que el equipo de limpieza entrara.
Esa sala es complicada de preparar. La parte del jacuzzi, la del té, el flutón, el baño...
Golpee la puerta de papel, estaba hecha una facha, llena de aceite, el pelo, la cara, el cuerpo, con el kimono aceitado incluso.
El no me oía, claro... bajo el agua y atontadillo, al igual que yo.
Así que entré directamente, no había tiempo para reparos. Me paré en seco, me recordó a mí misma Con un brazo apoyado en la pared, mirando hacia el suelo, dejando que el agua le cayera, le borrara los sentimientos... parecía derrotado. Tan bello, hermoso, tan humilde...
Las puertas de las correderas abiertas, sin darse cuenta de que estaba empapando la alfombra del suelo. Tuve que sujetarme las piernas, para no correr a ducharme con él. Aun estaba consumida por el deseo.
No sé quién es, ni de qué pasta está hecho, no sé qué cosas le mueven en la vida. Pero nunca me había sentido con tantas ganas de rescatar a nadie de sí mismo, de sacarle de la angustia, que con tan solo mirarle, estaba segura que le consumía.
.- Daniel, sus ojos casi entrecerrados, me buscaron.- Debes salir, lo siento, si quieres continuas con tu ducha, arriba. ¿Por qué coño había dicho aquello?, ningún placiente podía subir arriba.
.- No, está bien, salgo ya. Susurraba, las ganas de consolarle me podían, no sé que vi en aquel instante, no sé qué hombre se descubrió ante mí, pero me necesitaba y yo a él y lo supe en cuanto volvió a bajar la cabeza y por vergüenza se tapó.

Salí de allí, decidida, convencida, ese hombre carecía de maldad, de crueldad, había algo mucho más hermoso y más intenso que su cuerpo y sus ojos... su alma.

viernes, 13 de noviembre de 2015

"SoloAlas" El arte del erotismo. 32

  Fotografía de Miriam Franco Perez


Menos cuarto, miré el reloj, sacándolo de mi muñeca, frente al tocador.
Mi sobrina me había maquillado, ojos rasgados, negro indeleble. De fondo, el color de la piel natural, sin carmín. El maquillaje blanco de la cara y los labios marcados y perfilados en rojo, que utilizaban las geishas, lo descartamos desde un principio, porque al deslizarnos con el placiente y el aceite, se formaría la de Dios en la piel de este.
Debíamos sumergirnos, imaginaos una geisha a la que por la cara, le recorren lágrimas en tonos negros, rojos y blancos... Un cuadro, vamos...
El pelo alisado, planchado y recogido en la parte alta, con dos alfileres, para soltar fácilmente. Mi Neiko a mi lado, lista ya, impresionante. Mirándome sonriente.- Eres de las mías, Cris...
Volvían los miedos, la inseguridad, el resquemor en las tripas...
La sala Sode, lista, únicamente, esperando indicaciones para llenar el jacuzzi.
Móvil....- Ya está aquí, ha pasado a administración, firma y todo vuestro.
.- Explicadle, sin dejaros detalles, los pasos a seguir en el Ritual del silencio. Gracias Patricia.
Cogidas de las manos, yo con tintineo en la pierna izquierda... en la antesala, esperando la famosa luz verde. Tardaban demasiado...
Estaba a punto de salir de la antesala para ver qué pasaba, cuando se encendió la luz, di gracias, ya me estaba poniendo demasiado nerviosa.
Brazos recogidos en las mangas del kimono y entramos.
La mirada baja no me dejaban ver bien su cara, sus expresiones, solo pude ver los perniles del pantalón. Nos acercamos las dos a la misma altura, yo copiaba los gestos de Neiko, que tuvo la gentileza de hacerlo más lento, con mucha sutilidad.
Me agaché para quitarle los zapatos, con la sensación de que el kimono era más transparente de lo que debía, se advertía la desnudez y mi inseguridad... con ella.
Uno de los sueños en mi vida, uno de tantos ha sido conocer a las personas con solo mirarlas a los ojos, adivinar en ellos la posibilidad del engaño, a veces lo he conseguido, en unos pies es imposible...
No concibo, a pesar de los años, de la vida, de un desengaño tras otro, el que las personas no se corten en hacerlo, que se mientan así mismos para ser el cerebro, el estafador y por el ultimo el encubridor de su propio delito. Tenían que haberme enseñado que eso existe, que la gente hiere a conciencia y que luego se defienden con mentiras a su corazón. Es imposible si no, vivir contigo mismo.
Puedes cometer algún error, engañar por algún motivo, pero por favor si eres honesto contigo mismo, cambia eso, no hay cárceles para las conciencias convencidas con sus propias mentiras. Están liberadas de por vida, a lo mejor en la muerte... tienes que enfrentarte a ellas... y quien ha pasado por eso, no quiere volver a hacerlo jamás.
Sacudí los hombros, no me iba a exponer demasiado con él, así que tenía que dejar el miedo a un lado. Justo al lado de sus zapatos.
Neiko ofreció el té, con el ritual Cha-no-yu. Yo, mientras llenaba el jacuzzi humeante de las hojas y flores, mirando con el rabillo del ojo, como él, completamente entregado a la belleza de Neiko, bebía a sorbos cortos, la miraba a la cara y a los pezones, que se descubrían a través de la seda transparente del kimono. Los pezones de Neiko son pequeños nectarios atrayentes como los de la flor más hermosa, resulta imposible no querer beber de ellos, como lo haría un insecto... ante tanta belleza.
Como en mis masajes, saqué con un gran suspiro el terror de mi interior, abrí la puerta a mis miedos y dejé a la actriz que llevo dentro salir al escenario, solo los minutos justos, el tiempo necesario, para poder soltar las alas sin miedo, de una forma natural, que ellas solas se desplegaran.
Que alguien se atreva a desnudarse ante los ojos de cualquiera, de un desconocido, hacerlo con sutilidad, sin que le tiemble el pulso, con cierta seducción, a veces con unos ojos aprobadores, otras con miradas descaradas, mostrarte tal como eres, aun sintiendo inseguridad, es un acto de valor, es una prueba de fuego o actúas o posiblemente necesites con el tiempo terapia psicológica.
No es un trabajo fácil, no eres tú la única que tocas, a veces la persona no te despierta deseo en absoluto, casi todas. No hay sentimientos, no hay química, acabas de verle y puede que hasta su físico te parezca desagradable, pero es un ser humano, detrás de esa piel hay alguien que necesita de tus alas, por lo que sea o simplemente te desea, necesita cubrir un hueco y lo hace con el respeto de pagar por ello, no fuerza a nadie, no te engaña, no te roba el corazón  y para él, tumbado, desnudo, mostrándose ante ti, tampoco es fácil, hay que respetar ese pacto, teniendo en cuenta eso.
Hasta que las pieles no se tocan con naturalidad, el miedo recorre las salas revoleteando como mariposas, el tuyo y el del placiente.
Aunque hay de todo, pero ante todo soy persona y hasta que no me demuestren lo contrario, siempre miro contemplando que todos los somos.
Sin darme cuenta y absorta en mis pensamientos, el jacuzzi estaba listo, humeante, con un aroma chispeante, que hacía que al aspirarlo, notaras un leve cosquilleo en las fosas nasales.
Neiko y Daniel, se miraban intensamente, ambos habían conectado mucho antes de que yo pudiera intervenir, había nacido la magia entre ellos. En este ritual yo sería una mera observadora, acompañando al deseo, lo creí en ese mismo momento, al mirarlos. Y sentí un pelín de celos.
Una cosa más que debía dejar que se esfumara con el vaho del jacuzzi.
Me tocaba actuar, me dirigí a ambos, que ni tan siquiera notaron mis pequeños pasos, con la mirada baja y en completo silencio, mi brazo señaló la zona de baño. Me parecía ridículo el instante, ni me miraban. Neiko, dejó de cumplir el ritual en cuanto los ojos de Daniel, la raptaron.
Imaginaos, parada con el brazo extendido, la cabeza levemente bajada, pero con los ojos muy abiertos, viendo a dos personas, para las que el mundo había dejado de existir, en segundos, aun más, cuando acabara en el ritual, yo allí sobraba. Me estaba ganando la batalla el miedo...
Pero al mirar a Neiko, lo entendí, yo misma lo había sentido. Neiko, te atrapa con solo mirarte, en sus ojos puedes volar por encima del cielo, no hay preguntas para esos ojos, solo pura admiración. Su belleza es absoluta, natural, sin misterios, simplemente es digna de culto. Una sonrisa de Neiko y Daniel sería suyo...
Y lo hizo, sonrío... no me quedaba otra que salir de allí, dejarles a solas, aceptar que yo ya no sería quien les acompañara.
Decidida, me di media vuelta, iba hacia la puerta trasera, me esfumaría, siempre me doy cuenta, un poco tarde, pero se abandonar con un mínimo de dignidad.
Al llegar casi a la puerta, la mano de Neiko me paró. Me miró y susurró.- Es un ritual de dos hermanas... no hizo falta más. Me estaba recordando la profesionalidad que a mí me faltaba en ese instante, le sonreí .- Vamos a ello.
Y fuimos a por Daniel, decididas, de la mano.
Fue un viaje lento a sus ojos, un camino como el que los emisores de las buenas nuevas recorren, con pequeñas ilusiones adornándonos los cuerpos, las miradas. Nos convertimos en una, dos reflejos de la misma, Neiko me traspasó su mirada, su misterio oriental y yo a ella, lo poco o lo mucho que tengo de bueno para esto y mi gran ilusión por la vida y el erotismo.

Le llevamos al baño, sintiendo claramente como su dragón tatuado, serpenteaba por el cuerpo de los tres, como mis alas, se convirtieron en las alas de aquel dragón, como Daniel se rendía ante una mujer hecha de dos.

jueves, 12 de noviembre de 2015

"SoloAlas" El arte del erotismo. 31


Fotografía de Miriam Franco Perez.


Daniel en la ducha:
Dejando caer el agua caliente sobre su pecho, todavía no podía creerlo, había estado con chicas fascinantes, guapas, modelos, bellezones y no había sentido nunca unas alas... Aquel día, hacía unos minutos, se había vestido con ellas.
Es magia, es una bruja, es tan real, que te duele hasta el pene, sus ojos hablan tanto como sus manos, su piel. Sin duda, le quedaban muchas salas, muchos rituales, pero ese primero, no lo iba a olvidar jamás.
He muerto, he subido al cielo y he bajado para encontrarme con una sonrisa, que salía de la cama, corriendo con temor en los ojos, temor por sentir lo mismo que he sentido yo...
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Y ahora ponte a trabajar, escondida de miradas interrogantes, de las preguntas de Patricia, que me perseguía sin cesar,- Nena,¿ Como la tiene?...
Ains, mi cara lo decía todo, y ella reía a carcajadas, sujetándose el estomago.- Yo tengo que hacerle uno. Ordenaba.
Sinceramente, mejor sería que me lo quitaran de las manos, si no, las normas del SoloAlas se iban a ir a la mierda...
Una noche tensa, en la que mis ojos delataban lo feliz que me sentía, lo mágica, viva una vez más.
Al día siguiente estaba en el "SoloAlas" antes que nadie, había que organizar demasiadas cosas y me iban a faltar horas.
Anoté una a una, cuando en mi lista y una vez comprobada la sala que sería para Daniel ese día, iba describiendo las cosas necesarias, el bolígrafo temblaba tanto como yo.
Nada más llegar el equipo, pedí reunión urgente antes de abrir las puertas ese día.
Me encanta la acción, soy alma movida, no puedo mantener ni mi cuerpo ni mi cabeza quietos.
.- Esther, necesito el vestuario de cada ritual, en mi talla, incluido calzado y eso es para ayer, así que ponte las pilas. No hacía falta decir más, ella lo tendría en nada y todo perfecto.
.- Patricia, organiza las salas. Quiero la sala Infierno, lista para la siete y al equipo al completo conmigo. Melody esta vez será... ama de negro. Yo seré el diablo rojo. Me tembló la voz en la última frase.
.- Marivi, reorganiza las normas de cada sala, redacta un documento, bueno dos, uno con las normas de los rituales reunificadas, varias copias, una para Daniel, el resto para sus invitados. Y un compromiso de confidencialidad, esta vez especial, ponle una cantidad que supere el valor del "SoloAlas", no, multiplícalo por cien, en el caso de incumplimiento, por ambas partes. Miré a David...
.- No pienso arriesgar a nuestros placientes y nuestro sueño. Quiero saberlo todo de él.
.- Sara, necesito que vayas organizando la fiesta del sábado, asegúrate de que no falte nada y multiplícalo por dos, no quiero fallo alguno. La organización y distribución por salas, la veremos en cuanto sepamos el número exacto de placientes.
.- Salvi, Pepe, sonido no puede fallar, seguridad aun menos, cierre al público desde las cuatro, se darán invitaciones exclusivas, sin ellas no pasa nadie al parking interno. El externo cerrado a cal y canto.
Volví a Patricia y a mi Princesa.- No quiero fallos, ni una cita para el sábado, ni tan siquiera por la mañana, eso también se lo cobraremos. Si hay alguna ya, canceladla e invitar al placiente a venir otro día, gratis. Esa noche dormiremos todos aquí, después de la fiesta, no saldrá nadie del "SoloAlas", organizarlo para que podamos hacerlo.
.- Continuemos con nuestro trabajo, gracias, ah y aclarad a las chicas, que no quiero que me defrauden, ni contactos telefónicos, ni follar. La que lo haga va a la calle.
¿Y tú?, te arriesgarías a echarte a ti misma de allí...
El ejemplo ante el equipo es primordial, tu comportamiento en el trabajo, es un patrón para los que te siguen, ser el primero en remangarte, si es necesario, te hace ganar respeto y valor ante los ojos de tu compañero, aunque esté por debajo del puesto que desempeñes.
Si lo respetas, si lo alientas, si lo animas, si trabajas codo con codo y lo inmiscuyes en el proyecto, dejáis de ser compañeros, para pasar a ser fieles aliados.
Antes de las once, ya lo tenía allí...
.- Buenos días, demasiado pronto, ¿no?. Saludé un poco sorprendida, no lo esperaba tan temprano. Este hombre, ¿no tenía nada que hacer?, por lo visto no, solo ponerme nerviosa...
.- He venido antes, lo sé, no había concretado cita para hoy, pero solo puedo esta tarde a primera hora, a las cuatro. Tengo un compromiso esta noche. Me gustaría hablar con Patricia.
¿Cómo?, ¿a las cuatro?, pero bueno, eso me deja sin opciones, pensé, a la mierda la sala infierno, tenemos que organizar un dietario con él, para el resto de la semana...
.- ¿Ocurre algo?, me dieron ganas de gritarle que sí, que se pensaba, que había dinero suficiente para descolocar a un "SoloAlas" y defraudar a placientes a su antojo. Pero opté por callar y preguntar simplemente...
.-¿Para qué quieres ver a Patricia?.
.- Es un asunto privado... la sensación que tuve al escucharle en tono serio, era la de que había cambiado de idea, quería que le acompañara Patricia en los rituales y a mí, se me partió un poquito el alma...
Daniel:
A ti te lo voy a contar... bruja. Que no he pegado ojo en toda la noche, pensando en ti.
.- Por supuesto, creo que está en su despacho, pregunta en recepción, por favor.
Y lo dejé allí en medio de la entrada, corrí al despacho de David.- Mira las salas a las cuatro, David, solo puede a las cuatro.
Movil y.- Esther olvídate del vestuario de Infierno... esperando que David me diera las opciones.- Sode o Alas, pronuncié en alto.
.-Sode, puede ser, hay kimonos suficientes y te sirven, del calzado me encargo ahora mismo. Decidida y resolutiva, mi niña...
.- Gracias, colgué, volviendo a marcar, esta vez a mi Princesa.- Nena, Patricia está reunida con Daniel, su.- sí, era divertido, hasta yo, oía las carcajadas de Patricia,- Dile que baje el tono por favor... Olvidaos de Infierno a las siete, Sode a las cuatro.
.- Ok, sin problemas, pero Neiko tiene Sorpresa, en el jardín...
.- Que lo haga Naimie, necesito a Neiko, conmigo en esto... Mi Neiko, no había comparación el hacerlo con ella. Era mi debilidad.
Me olvidaría del tema hasta las tres, después de comer, no quería estar temblorosa y nerviosa el resto de la mañana.
A la una, metida en mi despacho, solucionando con mi hermana las últimas gestiones burocráticas del día, entre ellas el contrato de confidencialidad, quería que lo firmara aquel mismo día. El toc-toc de la puerta, nos despertó de los papeles.
.- Nena, me voy a comer, me han invitado. Sonriendo, Daniel, pegado a su espalda.
Yo con las gafas... con cara de señorita Rotenmeyer. Disparando misiles a ambos. Con todo lo que teníamos que hacer y me quitaba a Patricia.
.- De eso nada, te necesitamos aquí y ahora, ya está bien el escaqueo. Daniel...¿Sonreía?, Patricia desencajada porque me conoce y este tío se descojonaba casi, en nuestras caras...
.- Ok, lo siento Daniel. Se disculpaba mirándole a los ojos, con cierta complicidad que antes no había visto. En otra ocasión será...
.- Por supuesto, Patricia, no te preocupes, cuando te dejen salir de esta cárcel de cristal, te estaré esperando para invitarte a comer. Provocativo, sensual, hasta mi hermana y yo... nos derretimos al oírlo.
Patricia ladeo la cabeza sonriendo, le besó en la mejilla y mirándome con cara de asesina, se despidió para ir a su despacho.
Lo siento...
El se marchó y se despidió hasta las cuatro en punto. Y yo corrí a disculparme con Patricia, de verdad que lo sentía, pero la necesitábamos.
.- Nena, no te enfades, perdóname, pero es que ha pedido... no me dejó terminar.
.- Lo sé, a las cuatro Sode, estaba todo calculado, medido, preparado, no hay nada suelto y tengo trabajo adelantado, podías haberme dejado y lo sabes. Me señalaba con el dedo, acusándome.
Tenía razón, pero no quería que ellos se miraran, compartieran risas, no quería que se enamorara de él, ni el de ella... Lo dije en alto.
.- Nena, mírame, no voy a enamorarme de él, está muy bueno, pero me saca casi veinte años, ya sabes que a mí los tíos que van en traje todo el día, no me enamoran, si acaso me entretienen... tonta. Lo dijo sonriéndome, se le había pasado el mosqueo al verme los ojos.
.- ¿Que quería?...
.- Simple, saber que puede o no hacer en cada ritual, que puede tocar, besar, etc. le he comentado que estábamos creando un documento con las normas de cada sala, pero en ese documento no especificamos.
Eso depende del ritual contratado...
Están los básicos, de menor precio, en los que el placiente no puede tocar, ni besar. Los activos, en los que el placiente puede tocar y besar, sin introducir nada, ni tan siquiera la lengua.
Y los especiales, que... especificaban cuando se podía tocar y cuando no, sin introducir. Se les permitía besar o acariciar y cuando ocurría, lo podían hacer con cualquier parte del cuerpo. En el caso de hacerlo con los órganos genitales, usábamos protección, para evitar posibles contagios.
Contrató y pagó, todos los especiales, por adelantado, incluso el de amo y sumiso en la sala Infierno.
Ósea que... eran nueve rituales y quedaban siete, sin contar el de ese mismo día. Siete para tres días... Cuantas veces me iba a tener que meter en un futón con él y lo peor del tema, ¿conseguiría que llegara al orgasmo en todas las ocasiones?...
.- Llámale, explícale lo del compromiso de confidencialidad, tiene que estar aquí a menos cuarto, en administración, que lo firme con mi hermana y David. Sin el contrato, no doy un paso más.