Cuando David apareció, le lancé las llaves al aire para que
las cogiera al vuelo y simplemente le dije.- Estás despedido...
Me miro y al ver mi sonrisa, nos echamos a reír, carcajadas
sonoras y felicidad.
Aquella mañana, ese fue el recibimiento a cada persona que
traspasaba las puertas del "SoloAlas", carcajadas mientras yo le
contaba en su despacho, lo que había ocurrido.
La imagen mía bailando desnuda, en el baño en pelotas
acojonada. Nos partimos de risa.
David se frotaba las manos.- De nuevo la creatividad !!! a
ver qué inventas ahora, ¿Necesitaremos copias de llaves para todos los
placientes?, volvimos a reír, pero...
La idea se quedó ahí... revoloteando con las mariposas que
aun no se habían ido.
De pronto recordé.- Quiero un ascensor, aquí en recepción,
que suba a la planta de arriba, si no hay espacio, lo buscamos, pero es
imprescindible.
Dejamos a los placientes y las musas deshacerse en orgasmos,
mientras nos pusimos a ello.
Con el plano sobre la mesa, ubicando el sitio, nos volvimos
locos, donde había hueco abajo, arriba era imposible y al contrario.
Decidido, el pequeño almacén iba a ser sacrificado, estaba
justo detrás del despacho de Patricia y era el sitio perfecto.
Ahora llegaban las preguntas, dejé los planos a un lado y me
enfrente a David, mirando directamente a sus ojos.
David González. Trabajamos juntos para Vid. Lo que siento
hacía él, es una profunda admiración, un reconocimiento a sus ganas de
superarse y haberlo conseguido. No he conocido a nadie que trabaje horas y
horas, luchando con ganas y con garras, sin rendirse, buscando todas las
formulas y persiguiéndolas con tanto ahínco, con tanto valor. No lo evaluaron,
se dejó la piel y no era su sueño, era el sueño de Isabel y sus hijos.
Tenerlo cerca, luchar con él, significaba éxito seguro y el
"SoloAlas" se convirtió en su sueño, no trabajaba para mí, el
"SoloAlas" era tan suyo como nuestro.
El estaba preparado para el ataque, con esa media sonrisa,
guapo. Es un tío guapo de verdad, pero siento deciros chicas, que está
pillado...
Sentado con los hombros bajos, reconociendo que era culpable,
con los hombros y los ojos tensos a pesar de su sonrisa.
.- ¿Por qué ha vuelto?, quiero detalles, porque me estoy
volviendo loca, no entiendo nada.
.- No ha vuelto, nunca se ha ido del todo. Siempre ha estado
en contacto directo conmigo, preocupándose por ti, por esto. No te he
traicionado, sé que le quieres y el no tiene ninguna mala intención, si no todo
lo contrario... hizo una pausa, una respiración profunda y continuó. Aunque, me
juró que no te iba a tocar ni un pelo. Siento haberle contado... que a veces te
escondes en el sótano. Las veces que lo haces, me preocupas de verdad.
No tenía ni idea de que David lo sabía, idiota soy, David lo
sabe todo...
.- Me dijo que solo quería verte, hablarte, ver que de verdad
estabas bien y feliz, que si te lo decía no ibas a querer verle, por eso le di
las llaves, tu y yo confiamos en el, tanto, como en nosotros mismos, el es
incapaz de robar ni de hacer nada malo aquí.
.- Sí, solo follarme, bueno nos hemos follado los dos... Y
aparecer en mi vida otra vez, para dejarme claro que no me quiere como yo a él,
pero que no puede evitar desearme, es que no lo entiendo... David. Buscaba
respuestas que David no tenia, no podía responder a algo que no se entiende...
Hombres...
Así que un sábado dislocado, esos días, parece como si
estuvieras drogada, aunque nunca lo he estado pero creo la sensación debe ser
parecida.
No andas, no actúas, no funcionas, no te concentras,
deambulas, con sonrisas tontas, recordando instantes. Aquellas mariposas que
inundaban el cielo, ahora vuelan atrapadas en tu estomago, aterrorizada, con el
famoso vértigo y la puñetera cabeza, recordándote continuamente, la vas a
cagar, la vas a cagar otra vez...
Pero no solo la cabeza, el resto del mundo, cuando te miran y
ven que estás perdida, te señalan diciendo... No, no, no. Loca... No.
Que manía tenemos de aconsejar sobre los sentimientos y las
sensaciones, los impulsos. Si es que eso es imposible, una frase totalmente
absurda... Mantente fría. ¿Fría?, ¿Yo?, eso es como atarle las patas a un
caballo salvaje o como darle a un niño un juguete y decirle no juegues...
Inútil.
A media mañana, el efecto Juanra, iba desapareciendo, para
resurgir el efecto, necesito dormir, estaba agotada, completamente exhausta,
las emociones te dejan cao.
Con los tacones en la mano, con los ojos adormecidos,
caminaba directa hacía la escalera del personal, juraba que no iba a poder ni
subir cinco escalones.
Me costó una barbaridad y justo cuando pongo el pie en la
moqueta de la parte de arriba, maldiciendo no haber tenido la idea del ascensor
antes... una vez más, justo en ese instante... el móvil, David...- Cris, baja.
Colgué mirando el móvil, me parecía increíble, ahora que
había llegado a la cima de la montaña, tenía que volver... joooo.
Pero una cosa estaba clara, si era David quien me llamaba,
debía, tenía, no me quedaba otra... que bajar esa puta escalera, recorrer los
metros y metros de... ese puto pasillo y volver. Fijo que era importante.
.- Pues no pienso ir en tacones, así que los dejé arriba y
mirando abajo, me di fuerzas, mientras me restregaba los ojos, destrozando el
maquillaje y el rímel. Me vi reflejada en la escalera, pero literalmente me la
sudaba, esa imagen de trasnochadora resacosa, con los ojos rodeados de negros y
grises y el pelo a su antojo. Iría por el pasillo interno, así que ningún
placiente me vería.
Un carajo!, que suerte tengo... Siempre lo digo, soy la tía
con más suerte que habita sobre la tierra... ironía...
Es verdad, reconociéndolo, hasta ahora he tenido mucha
suerte, suerte y destino.
A media altura del pasillo interno, mirando al interior del
jardín, señalando algo, David... Y... Una silueta que sobresalía desde atrás,
antes no veía de cerca, ese día ni de cerca, ni de lejos...- ¿Quién es?.
David se giró, dando un repullo, fue mirarme y sobresaltarse,
seguro que pensó...- Coño! un fantasma... jo, no pude evitar pedirle disculpas
por mi aspecto.- Lo siento... no puedo con mi alma.
Desde atrás, una cabeza adornada con unos ojos grises
profundos, una mirada divertida e incrédula. Con el pelo negro, algunas canas y
la sonrisa imitando a la mirada. Tierra trágame... Un hombre, que digo un
hombre, un pedazo de hombre y yo con esas pintas...
En fin, ya no había nada que hacer, me había disculpado y la
verdad era incapaz de pronunciar nada más.
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